lunes, 16 de febrero de 2026

LA CHICUNGUNYA CASI ME ANIQUILA: MÁS DE 90 NOCHES SIN DORMIR

     Esta entrada tiene seis vídeos cortos. También hay varios enlaces importantes. 
Ninguno de los artículos publicados en mis blogs están hechos con ayuda de la IA.
Fuente de esta imagen.  Este medio es contrario a la revolución cubana, pero en este caso es objetivo.

Tengo que rectificar el título de esta entrada, porque se trata de una verdad a medias. Nadie podría resistir sin dormir durante tanto tiempo. Pero explico esto más abajo, en el párrafo 12 (§ 12).

Hacía mucho tiempo que no escribía algo en esta sección. Me he dedicado a escribir miles de artículos en distintos blogs que ya no existen o a los que no puedo acceder, además de escribir en otras secciones de este mismo blog. En una sección he escrito más de 900 artículos sobre distintos temas (incluidos temas sobre salud) que han sido leídos más de 224 000 veces, hasta esta fecha. 

La idea de esta sección era escribir sobre salud, cómo cuidarse y cómo prevenir enfermedades, sin necesidad de curarlas. Pero cotidianamente siempre aparecen noticias de sucesos que es necesario comentar. Por eso la parte de salud la había dejado a un lado. 
Ahora intento corregir ese error. Aún así, logré publicar algunas entradas, más que nada para dar consejos sobre cómo alimentarse bien y por qué se debe hacer ejercicios físicos. En futuras entradas escribiré sobre todo eso.

Para informar hay que prepararse. Hay que leer mucho y practicar lo que se aprende. Por eso, entre  2023 y 2024, asistí a cursos de nutrición y de entrenador personal. Una vez terminados satisfactoriamente recibí un par de títulos, pero no los suficientes como para lograr un diploma  de mayor peso. Me da vergüenza mostrar los pocos que tengo hasta ahora. A veces tenemos que dar prioridad a otras cosas y sacrificamos las que más nos gustan. Mi prioridad era trabajar o era lo que yo creía debió ser.

Desde mi adolescencia he querido cuidar mi salud, aunque no siempre lo he logrado, justamente por  elegir prioridades que, tal vez, no debieron ser tales. A pesar de eso, he logrado cruzar la barrera de los 77 años y dentro de pocas semanas cumpliré 78.

Durante los últimos años fui adquiriendo más conocimientos, que siempre llevaba a la práctica. Cuando miraba hacia atrás (hacia el pasado), me daba cuenta de que, a pesar de mis intenciones de llevar una vida sana, siempre había cometido errores y los trataba de subsanar. La corrección de errores iba acompañada (muchas veces) del desarrollo mismo de la sociedad, de la ciencia y de expertos autorizados en salud que daban distintas recomendaciones. Y había que elegir las que se podía considerar mejores.

Recomiendo, encarecidamente, que se abra los enlaces de más abajo. Hay muy buena información actualizada. Esta entrada tiene seis vídeos cortos.


Hasta hace poco tiempo tenía una salud de hierro, solo tenía problemas de próstata, que durante muchos decenios me afectaron considerablemente. Hacía ejercicios frecuentemente y me alimentaba bien, mejor de lo que hace la gran mayoría de la gente. Tenía mucha fuerza y suficiente musculatura para mi edad.  Podía caminar y correr largas distancias incluyendo escaleras y montañas (varias horas seguidas)  y levantar pesos grandes. Hoy apenas puedo escribir. Me duelen los dedos y debo descansar varias veces antes de continuar. Pero debo agradecer a la vida que estoy mejor que hace dos y hasta cuatro meses. Entonces no me podía levantar de la cama. Cualquier movimiento que hacía requería de mucho esfuerzo y el dolor me arrancaba quejidos, incluso gritos.

Por mucho que nos cuidemos, siempre hay peligros que amenazan nuestra salud, como he afirmado en muchas oportunidades. Ocurren accidentes que no podemos predecir, a veces los ocasionamos nosotros mismos por imprudencia o descuido. Otras veces somos atacados por virus o bacterias, como fue el caso del covid, una enfermedad que nunca me afectó, a pesar de haber estado muy expuesto, teniendo a personas enfermas muy cerca de mí, cuando era profesor de autoescuela. Mis defensas, inmunológicas en aquel entonces, eran muy firmes.

En el último tiempo he viajado muchas veces a Cuba, donde viven mi actual pareja y a mi hijo menor. Viajé a La Habana a principios de octubre del año pasado y regresé a principios de enero de este año. Tal vez no era el mejor momento, cuando una serie de virus transmitidos por los mosquitos Aedes aegypti y Aedes albopictus se estaba propagando por varias regiones de Cuba, empezando en la provincia de Matanzas (ver mapa, más abajo). Desde 1977 el dengue se repite cada año, ya es endémico. La Chicuncunya (o chicuncuña) apareció en Cuba, por primera vez, en 2014. De acuerdo a los informes sanitarios, esta epidemia ha sido la más grave de todas, porque, además de esta enfermedad, circulan varios tipos de dengue, también hay Sica y Oropouche (VER).

En mi caso, es posible que haya sido contagiado por dos o más virus distintos. Tuve la suerte de no ser afectado por el dengue hemorrágico, el más peligroso de todos y que puede ocasionar una muerte rápida, aunque el Chicuncunya también puede ocasionar la muerte.


Una de las razones por las que los vectores (mosquitos) se multiplican con rapidez y en grandes cantidades son los charcos de agua estancada a causa de las lluvias o rotura de cañerías de agua potable, algo muy frecuente en Cuba (por lo menos de lo que he visto en La Habana). En el barrio (San Miguel) donde yo vivía había gran cantidad de charcos y yo estuve trabajando para eliminar los que estaban más cerca. Lamentablemente, las autoridades no tienen medios necesarios para hacer esos trabajos y mucha gente carece de iniciativa, solo esperan que les llegue la ayuda desde arriba. En la televisión cubana y otros medios se hacen recomendaciones, pero falta insistir más claramente en que hay que suprimir los charcos. En cuanto a las recomendaciones de usar repelentes y ropa que cubra todo el cuerpo, eso no es muy viable. Los repelentes son tóxicos y pueden influir negativamente en la salud y sería necesario comprar grandes cantidades de esos productos que ni siquiera huelen bien. En cuanto a la ropa, cuando hace mucho calor sería insoportable usar pantalón largo y camisa a pleno sol. 

No obstante lo anterior, yo intenté cuidarme, utilizando camisa y pantalón largo por las mañanas y al atardecer, lo cual no fue suficiente. A unos diez días de llegar a Cuba aparecieron los primeros síntomas de chicuncunya: alta fiebre, que duró un par de días, debilitamiento total, con imposibilidad de moverme, dolores en músculos y articulaciones. Fueron pasando los días y los síntomas iban variando. A veces me podía levantar y sentía que ya me estaba curando. Luego volvían los dolores con mucha intensidad en los hombros, el cuello, las manos y los pies. Pasaban las semanas, los dolores iban y venían, y cuando creía que ya todo había pasado intentaba trabajar tapando charcos o en otros trabajos simples de agricultura. Entonces aparecían de nuevo los síntomas, algunos días se me hinchaba una mano, que llegaba a ser mucho más grande que la otra. Eso duraba casi una semana. Cualquier movimiento que hiciera o que alguien me tocara la parte afectada me podía hacer llorar de dolor. Luego ya no era tanto esa mano, eran los pies o uno de ellos o la otra mano o un codo. Luego el cuello u otra parte del cuerpo. De pronto, nuevamente en la cama, casi inmóvil. No me podía duchar solo, ni siquiera podía sostener una cuchara para comer. No podía beber agua y cuando me la daba mi esposa se me caía de la boca. No dormía más de una o dos horas seguidas. No dormía ni de noche ni de día. Cuando me era posible caminar no sabía donde estar. No me podía sentar, porque me dolía el coxis, no podía estar de pie ni me podía acostar. Todo, absolutamente todo me provocaba dolor. Durante muchos días ni siquiera podía usar el teléfono, tenía que pedir ayuda para enviar audios porque no podía escribir. Así pasó un mes... y después el segundo mes y hasta casi el tercero. Mis días y noches eran siempre iguales, iba y venía del dormitorio a la salita de estar, de ahí a la terraza y nuevamente a la cama, el mismo ciclo aquí y allá. A veces me aventuraba a salir al patio. Cuando me sentí mejor ya no intenté hacer absolutamente ningún trabajo, solo descansaba. Pero los dolores regresaban, de todos modos. 

A lo físico se sumaba lo emocional y sentimental. Me daba mucha tristeza cuando no podía jugar con mi hijo, ni siquiera lo podía abrazar, tampoco a mi pareja. Ella me comprendía, pero a un niño le cuesta más entender. Me daba miedo de que se sintiera rechazado por mí cuando él intentaba tocarme y yo por temor tenía que detenerlo. Lo tenía tan cerca y no lo podía tocar. Cuando los dolores mitigaban algo, a veces jugaba con él, pero no era nada fácil ni era muy frecuente poder hacerlo.

Grabé algunos audios para enviar a las personas en las que tengo más confianza, pero nunca los envié. Quería que se enviaran solo en caso de un posible fallecimiento. Quería explicar todo lo que me pasaba (o me había pasado), para que nadie supusiera otra cosa.

Regresé a Suecia el 10 de enero, después de un horrible viaje, haciendo escala en Estambul. Salí el día 9 de enero del aeropuerto José Martí. Pero estuve esperando desde el día anterior, porque no era posible viajar del centro de La Habana en la madrugada. El primer vuelo salió con retraso. El vuelo de Estambul a Estocolmo también salió con retraso. Fueron más de dos días en total, sin dormir, ni en el avión ni en los aeropuertos. Son siete horas de diferencia entre Cuba y Turquía. Y en Estambul esperé más de 10 horas. Por eso fueron dos días y no uno, si se ven solo las fechas.

La llegada a mi casa fué, también, dolorosa. Desde la estación de trenes hasta mi casa tardé más de media hora, caminando. Normalmente esa distancia se hace en solo cinco minutos. Tenía mal equilibrio y me dolían los pies. Tenía miedo de caer porque había mucha nieve y el suelo estaba resbaladizo. Al llegar a casa, no fui capaz de abrir la cerradura con la llave, Tuve que pedir ayuda a los vecinos. Luego vino el día siguiente y los otros días, un verdadero suplicio. En Cuba tenía a mi pareja que me ayudaba en todo. Sin ella no sé como habría sobrevivido. Aquí en Suecia no tengo a nadie. Preparar comida fue una misión casi imposible. No era capaz de abrir una bottella de agua ni una lata de conservas. Las cosas se me caían de las manos. Y seguía sin dormir más de una o dos horas seguidas. En Cuba nunca fui a un hospital, no me era posible caminar bien ni subirme a un vehículo. El hospital más cercano estaba lejos. La mayoría de mis vecinos también enfermaban y tenían síntomas similares, paro casi nadie fue al hospital. Además, los hospitales estaban saturados. Por otra parte, los médicos no podían hacer más que recomendar medicamentos antiinflamatorios. Había que dejar que los médics y enfermeros atendieran a los pacientes más graves, aquellos que tenían fiebres prolongadas o sufrían de diarrea.

Los virus no se pueden curar, solo aliviar algunos de sus síntomas. Un médico amigo me recomendó algo por teléfono. Eso y paracetamol fue lo único que tomé cuando ya habían pasado un par de semanas. Apenas llegué a Suecia reservé una cita para ir al médico, pude hacerlo a las dos semanas. Ir a emergencias habría sido muy difícil, esperar muchas horas (a veces puede ser una noche entera) antes de ser atendido) y es muy caro. En la consulta, el médico no sabía  qué era chiquincunya. Le tuve que mostrar una página de la OMS, en internet para que pudiera entender lo que me pasaba. De todos modos, me recetó antiinflamatorios. El mismo día me tomaron muestras de sangre, que dieron resultado negativo. Volvió a pasar el tiempo y yo trataba de dormir, sin conseguirlo. No podía salir por temor a caerme a causa del mal equilibrio y los dolores. Después de tres semanas empecé a recuperarme. Poco a poco empecé a salir a la calle, primero a comprar comida. Mis vecinos me ayudaron a llevarla hasta mi departamento el primer día que salí a comprar. 

No sé como logré llegar a casa, deteniéndome a descansar continuamente porque mis manos no tenían fuerzas. El problema de las manos continúa hasta hoy, pero no me duelen como antes. El resto del cuerpo está bien, aunque me dan dolores en los pies y en los hombros, cuando duermo por la noche. Durante las últimas dos semanas he logrado caminar más rápido y he hecho ejercicios de fuerza.

Ya sé que esta narración es larga, pero quiero explicar bien lo que ha sucedido y mis conclusiones de por qué la enfermedad me afectó tanto y cómo me estoy recuperando en forma satisfactoria en corto tiempo. Cada paciente evoluciona en forma distinta. Sé de gente que aún tiene secuelas, después de varios años. No se trata únicamente de haber sido contagiado por el virus, se trata de por qué me afectó más que al promedio. Para eso hay que saber qué pasó antes de mi viaje a Cuba. 

Durante muchos meses estuve trabajando en un oficio muy duro y no me alimentaba bien. Había que trabajar la mayor cantidad posible de horas, porque el trabajo es mal remunerado. Antes, cuando trabajaba de profesor de autoescuela (que, además lo hacía como autónomo) tenía buenos ingresos. Esos ingresos bajaron a la tercera o cuarta parte cuando cambié de oficio y de ser autónomo a trabajar como asalariado. Durante ese tiempo perdí una gran parte de mi masa muscular, bajé mucho de peso. Creo que eso contribuyó, en parte, al debilitamiento de mi sistema inmune, porque no tuve tiempo de entrenar, como hacía antes de ese trabajo y porque tampoco recibía los nutrientes necesarios, con una dieta balanceada y en varias ocasiones al día. Comía en casa por las mañanas y en la noche, para ahorrar dinero. No soy muy entusiasta de comer en restaurantes ni comida rápida de las gasolineras, aunque lo hice algunas veces.


Lo importante, ahora, es que me estoy recuperando, aunque en forma lenta. Después de todo lo pasado, he sentido una alegría inmensa con cada uno de los logros en mi recuperación, como caminar con suficiente equilibrio y cada día más rápido. Ahora he vuelto a correr, incluso subiendo escaleras. Lo primero fue caminar, luego hice ejercicios suaves. Poco a poco los fui intensificando. Todos mi cuerpo reaccionaba positivamente, menos las manos. Estas me dolían  (y me duelen aún) sobre todo al coger o sujetar  algo con ellas. Pero avanzo un poco cada día.

Entreno, más que nada al aire libre, en sitios cubiertos de nieve y a muchos grados bajo cero  (porque es invierno) . Es una experencia maravillosa que no mucha gente disfruta. Eso sí, siempre lo hago muy abrigado y con guantes. También entreno, desde hace unos días, en un gimnasio que cuenta con piscina y sauna. Empecé a nadar, algo que no hacía desde hace muchos años. La natación y el sauna me han ayudado  mucho y gracias a ello ya duermo hasta seis horas seguidas, algo que lo lograba desde hace mucho tiempo. Cuando era joven, la natación y el sauna me ayudaron a curar un lumbago terrible que me afectó durante varios años. Dejé de nadar, por falta de tiempo y por temor al frío cuando se pasa de la piscina a las duchas y vestuarios. Eso lo he solucionado utilizando una toalla grande para pasar de una sección a otra.

Pido disculpas a mis lectores por hablar tanto de mí mismo. No es esa la intención. Lo que he querido es compartir una experiencia que puede servir como dato o como referencia y así entender mejor mis anteriores y futuras entradas sobre salud y cómo algunos consejos van cambiando o evolucionando, adaptándose a esta nueva era digital.
Mapa de Cuba. Matanzas está muy cerca de La Habana.

ENLACES:






No hay comentarios:

Publicar un comentario