Importante: ningún artículo publicado en mis blogs está hecho con ayuda de la IA. Tampoco hay plagios. Todos los textos son originales.
Hay muchas discusiones o preguntas sobre qué debemos comer, cuánto, con qué frecuencia y cuándo. En Internet se puede encontrar infinidades de vídeos en Youtube y otras plataformas. Algunas publicaciones son serias, porque se basan en evidencias científicas. Otras, sin embargo, son intentos de manipulación con el único fin de ganar dinero o de confundir a los usuarios. También puede haber gente seria, pero sin conocimientos suficientes, que se basan en teorías carentes de veracidad, sin apoyo científico. Últimamente hay vídeos creados con Inteligencia Artificial con presentadores ficticios que mezclan diversas informaciones y copian lo que ya ha salido antes en otros vídeos y reportajes. Todos esos vídeos repiten cosas que a veces no son actuales, como afirmar que existe colesterol bueno y malo, por ejemplo, lo que es absolutamente falso, de acuerdo a estudios muy serios. Las voces fabricadas hablan un nuevo dialecto extraño, con entonaciones exageradas, que suenan mal o que no se entienden, en algunos casos. Algunos traducen textos pero no cifras. Sus rostros inexpresivos son una prueba de que no son humanos.
Lamentablemente, la información nunca fue suficientemente clara en las escuelas ni en otros centros de estudios o a través de las autoridades sanitarias. Eso sucedía porque en las altas esferas de gobierno, de la docencia o de la medicina, no había conocimientos necesarios o no había voluntad para hacerlo. En algunos países se está mejorado en ese aspecto, pero no lo suficiente.
A causa de lo anterior, al igual que muchas otras personas en todo el mundo, yo he tenido ese dilema y he elegido distintas formas de alimentación, a medida que avanzaba en edad. Sin embargo, la mayor parte de la población jamás piensa en eso. La gente se alimenta por placer, por gula o para saciar el hambre, siguiendo tradiciones o dejándose llevar por la publicidad y por la gran variedad de comida que hay en los supermercados, panaderías, charcuterías y todo tipo de negocios de comida. Debido a eso hay mucha gente enferma que debería estar sana. Las muertes al año a causa de enfermedades que se pudieron curar superan los doce millones de personas a causa de distintos tipos de enfermedades como el cáncer (uno de los que más aumenta es el cáncer de colon), cardiovasculares, renales, hepáticas y diabetes, entre otras de una larguísima lista. Los hospitales están llenos de pacientes que no deberían estar allí si hubieran elegido un estilo de vida distinto, entre cuyos factores importantes se cuenta la buena alimentación. Un detalle importante es que hay casi dos billones de personas obesas actualmente en el mundo (VER INFORMACIÓN DE LA OMS). Además de esas personas contabilizadas hay mucha otra gente con sobrepeso que no aparece en las estadísticas.
Lo peor es que esa gente no lo sabe o no es consciente de la peligrosidad que eso significa para su salud. Lo más alarmante es que entre los niños ya se manifiesta el sobrepeso, porque sus padres no saben cómo guiarlos. Ejemplo de eso es el uso de bollería, mermeladas, tartas y golosinas, tanto dulces como saladas, de las que se consume en grandes cantidades. En Suecia, por ejemplo, son los típicos palitos salados (salta pinnar) que tanto niños como adultos consumen mínimo una vez a la semana mientras ven la televisión. Los palitos salados son trozos de masa de harina revestidos con una capa de sal en toda su superficie. Ver foto:

Personalmente, desde que tenía unos veinte años empecé a tomar conciencia de la necesidad de alimentación sana. Pero mis escasos conocimientos me llevaron a cometer muchos errores. En aquella época adopté algunas decisiones correctas, pero la mayoría eran absurdas. Con los años fui mejorado la dieta alimenticia, pero seguí cometiendo grandes errores hasta hace poco tiempo. Podríamos decir que fui subiendo desde el peldaño 2 al 7, en una escala de 10. Mi meta es llegar al nivel 9, algún día. Alcanzar el nivel 10 creo que es imposible.
Vamos a empezar con la primera pregunta, sobre qué debemos comer.
Mis lectores antiguos ya saben que soy enemigo de los alimentos procesados, aunque durante muchos años los consumí, sin saber que me estaban evenenando. En algunos artículos he dicho que más del 90% de lo que se vende en los supermercados es basura. La mayoría son pseudoalimentos, que no aportan nutrientes necesarios para una buena alimentación. Al contrario, son dañinos, por contener azúcar o sal en enormes cantidades o edulcorantes, conservantes, saborizantes y una larga serie de sustancias que favorecen la aparición o agravamiento de muchas enfermedades.
Los alimentos deben ser elegidos, en primer lugar, pensando en lo que comían nuestros bisabuelos o tatarabuelos. Muchas de las dietas de esas épocas se basaban en vegetales como las verduras, frutas, tubérculos, setas, cereales (por supuesto, sin procesar) y legumbres. Por lo tanto, esa debería ser la base de nuestra alimentación. En cuanto a la carne, se la consumía fresca y en cantidades pequeñas. Quienes tenían posibilidades también consumian pescado, algas marinas y crustáceos.
Lamentablemente, en países con menor desarrollo no hay suficentes alimentos o la gente no tiene recursos para adquirirlos. No podemos olvidar que en muchos países se pasa hambre a causa de las guerras y sanciones o bloqueos económicos, en primer lugar.
Voy a empezar con la primera comida del día.
Cómo empezar con lo que yo aún considero la comida más importante del día. Lo ideal es hacer ejercicios suaves de coordinación y movimiento antes de comer algo pero no siempre es fácil hacer eso cuando estamos obligados a empezar a trabajar muy temprano. En mi caso me levanto antes de las cinco de la mañana. A pesar de eso no alcanzo a hacer todo lo que quisiera antes de ir a trabajar.
Personalmente, durante muchas décadas, yo consumía frutas, antes que nada. Después de las frutas venía el café, acompañado de pan y jamón y/o queso. Muchas veces consumía embutidos, como chorizos y paté. Y eso es lo que come la mayoría de la población. También algunas veces consumía lo que es más típico en países occidentales, como tostadas con mantequilla o margarina, además de cruasans, magdalenas o algo similar. En Suecia se suma un alimento muy popular, el gröt , una mezcla de sémola y otros cereales que se cuecen en agua y leche, al que a veces se le agrega nata y mantequilla.
Lo de la fruta está bien, pero no antes de otros alimentos. Y ése fue uno de mis errores más graves. Lo único positivo es que yo comía fruta natural, no mermeladas ni jugos, por lo menos no en los dos últimos decenios.
Antes de continuar debo advertir que no soy experto en nutrición, pero he estudiado mucho y estoy al día en la mayoría de descubrimientos sobre alimentación saludable. Pese a haber estado enfermo (hace algunos meses y aún con secuelas de la enfermedad) tengo mucha enegía y trabajo tanto o más que cualquier persona mucho más joven que yo en un duro oficio que es más común en muchachos de veinte años. Nunca he padecido de obesidad, diabetes, enfermedades del corazón, arterioesclerosis, gastrointestinales o de otra índole, como la mayoría de gente que tiene mi edad (78 años). Creo que con esos antecedentes, mis ideas y consejos tienen cierto valor. La forma de alimentación que tengo actualmente está avalada por estudios científicos recientes y de gran experiencia acumulada desde que era un adolescente. Yo no voy a explicar aquí por qué elijo y recomiendo mis rutinas alimenticias. Le dejo al lector la tarea de investigar esa parte, aunque pondré algnos enlaces a vídeos o artículos importantes.
El desayuno
Está compuesto por proteínas de alta calidad, con vegetales y algo de hidratos de carbono: huevos, verduras, arroz, avena y alguna legumbre. Los huevos los consumo de dos formas. A veces los preparo cocidos, hasta un punto que la yema está casi dura. Otras veces los caliento en una sartén, sin agua ni aceite. Cuando ya están medio cocidos les agrego un poco de aceite (preferentemente de oliva) para que no se peguen ni se cuezan mucho. Apago el fuego y solo entonces les pongo más aceite, para conservar su propiedades nutritivas. Nunca ingiero huevos fritos o revueltos en aceite, tampoco utilizo mayonesa.
Luego mezclo el huevo con verduras cocidas (y/o crudas) como acelgas, brécol, zanahoria, pimiento, etcétera. Al mismo tiempo les pongo arroz cocido (preferentemente arroz integral), avena cocida y alguna legumbre como lentejas, frijoles o garbanzos. También suelo agregar alguna semilla como quínoa, amaranto chia y/o lino.
Para hidratar y tragar mejor, bebo una mezcla de tés como tilo, melisa, manzanilla u otros, no café ni jugos de fruta. Al finalizar, después de una corta pausa, suelo ingerir alguna fruta, como naranja o kiwi, melón, manzana (preferentemente asada o cocida), plátano u otra. Todo lo anterior en proporciones adecuadas, nunca en grandes cantidades.
Las verduras las sazono con los siguientes ingredientes: sal, cúrcuma, pimienta (se recomienda pimienta negra pero aún no he logrado saber por qué debe ser negra), jengibre (crudo y con cáscara, seco o encurtido en casa), ajo crudo, cebolla (cruda o cocida) romero, albahaca, tomillo u otros. Además de los condimentos nombrados hay una gran variedad que se pueden alternar con los ya mencionados.
Mi primer café del día (de dos, en total).
Después del desayuno preparo media cucharada (o menos) de café que bebo después de varios minutos (lo ideal es beberlo después de media hora). Lo dejo entibiar y entonces le pongo alguno o varios de los siguientes ingredientes molidos: canela, cúrcuma, cardamomo, clavos de olor, nuez moscada, anís u otro. También les agrego cacao en polvo (no chocolate) y café verde (molido). Cada uno de esos ingredientes potencian el sabor y la calidad antioxidante del café. Desde hace meses, lo bebo sin azúcar. Antes cometía el error de poner azúcar. Por supuesto, no uso otros edulcorantes, tampoco.
ARTÍCULO EN PROCESO DE ELABORACIÓN. Este artículo (primero de cinco, relacionados con el tema) se completará con vídeo personal, fotografías y enlaces a páginas importantes.
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