sábado, 15 de agosto de 2026

¿QUÉ COMER? ¿CUÁNTAS COMIDAS AL DÍA? TERCERA PARTE

 

Pero, peligroso!
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En las dos partes anteriores de esta serie de cinco artículos he descrito el desayuno y la merienda matinal. En esta ocasión me referiré a un almuerzo saludable. Antes he dicho que lo más importante es el orden en el que ingerimos nuestros alimentos, aunque la cantidad y la frecuencia también se deben tener en cuenta.

Durante largo tiempo nos han hecho creer que debemos comer tres veces al día y en grandes cantidades en cada ingesta, sobre todo en el almuerzo (Ver Nota 1). Eso deja un vacío de varias horas entre una y otra comida. 

Desde hace un par de siglos se dio suma importancia al azúcar refinada, que ha servido para fabricar todo tipo de bollerías, tartas y golosinas (últimamente disfrazadas de golpes energéticos o proteicos), de bebidas con o sin gas, de jugos o zumos con muy escaso valor vitamínico (a pesar de la publicidad con la que se los promueve). En esas circunstancias el hambre ocasionada por las grandes pausas entre las comidas induce a la gente a recurrir a esos productos azucarados o salados. 

Recuerdo que cuando era niño, a la salida de las escuelas había vendedores ambulantes que ofrecían todo tipo de golosinas. Además, los padres de esos niños ponían en sus mochilas queques, magdalenas o galletas y los muchachos comían en los recreos e incluso mientras asistían a sus lecciones en el aula. En muchas escuelas estaba prohibido comer durante las lecciones, pero una galletita o un bombón eran muy fáciles de ocultar. Hay galletas de sabores exquisitos con exceso de harina y otros ingredientes refinados, con nombres muy llamativos que sugieren que son saludables y saciantes. La gente se atiborra de ellas y las come a distintas horas del día, a veces reemplazando a las comidas normales. 

En cuanto a la sed, hay bebidas con sabores muy variados (gran parte de ellas con ácido carbónico), que han inducido a la gente a recurrir a ellas a distintas horas el día y bajo cualquier pretexto, el principal: refrescarse o saciar la sed. También, muchas veces como parte de una actividad social. Si a esas bebidas se les pone hielo, se las hace aun más atractivas (VER1, VER 2).

Hay gente que tiene fuerza de voluntad y no come entre el desayuno y el almuerzo. Pero es muy difícil no hacerlo cuando pasan más de cuatro horas. Según la ley, en muchos países (como en Suecia) se hacen pausas por cada hora de trabajo. Esas pausas se usan para fumar, tomar café y/o comer algo. Eso es lo mismo que "picar" distintas cosas. Mucha gente no resiste a la presión social e imita a otra en esas costumbres. No es fácil decir no cuando te ponen una bandeja con brillantes bollos y tazas de humeante y fragante café ante tus ojos.

En lugar de una comida abundante en el almuerzo es conveniente que sea una cantidad parecida a la del desayuno.

Hay muchas variantes que incluyen infinidad de alimentos que nos permiten variar la dieta. Se puede volver a repetir lo mismo que en un desayuno o merienda, tratando de incluir otros cereales, legumbres, huevos, carne, etc. Lo importante es evitar los productos extra procesados y sobre cocinados. Si en el desayuno o en la merienda matutina hemos comido frijoles con arroz, por ejemplo, en el almuerzo se pueden reemplazar por garbanzos, lentejas o habas con mijo o sorgo. Para quienes desean incluir proteínas animales pueden elegir entre carne roja (preferentemente cocida), carnes magras (conejo, pollo u otra ave). También se puede elegir algún tipo de pescado como la merluza, atún, salmón, caballa u otro. Todos ellos cocidos, en primer lugar (nunca crudos). Los crustáceos también son una buena opción. Se deben evitar los embutidos, ahumados y salados. Por supuesto que conviene completar con verduras suavemente cocidas (como apio, tomate, brécol, repollo, espinaca y calabaza) o crudas (como rábanos, calabacines, lechuga, ajo, cebolla, jengibre y aguacates). Hay verduras que se pueden ingerir cocidas o crudas, como cebolla, zanahoria y calabacines.

Otros alimentos que se pueden incluir en nuestras comidas son los germinados de cereales, semillas y algunas legumbres, algo sobre lo que escribí varios artículos hace muchos años. En esta época de lucha por la preservación del ambiente, son un buen complemento (VER). Mis alimentos preferidos para germinar (los que dan mejor resultado) son las lentejas, la linaza y los frijoles mungo. Ver fotos:




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Finalmente, alguna fruta.
Después del almuerzo y de una corta siesta (entre 20 y 25 minutos) conviene tomar café, en la misma forma que en el desayuno (ver el artículo uno de esta serie).

Nota 1.
Nuestros antepasados no tenían un horario para comer ni cuántas veces al día debían hacerlo. Quienes recolectaban frutas y raíces lo hacían cuando encontraban los alimentos que podían ingerir. Quienes eran carroñeros debían esperar hasta que algún gran depredador dejara restos de su presa para alimentarse. Quienes cazaban debía esperar hasta que pudieran encontrar a sus presas. Eso significa que podían pasar días enteros sin que pudieran comer algo. Si tenían suerte podían comer más de una vez al día. Luego surgieron los clanes y más adelante las civilizaciones antiguas basadas en el pastoreo y el cultivo de algunos cereales. 
Pero habían luchas constantes entre distintos clanes y tribus, y aún más tarde, entre distintos reinos o ciudades, como las que surgieron en Sumeria, supuestamente cuna de la primera civilización organizada de la Historia.
Durante las muchas etapas de evolución de las distintas sociedades era muy difícil saciar el hambre. La gente comía cuando podía o cuando lo permitían los amos que gobernaban. Lo mismo ocurriría después, durante los imperios que surgieron en Roma, Grecia, China y otros países y continentes. Y eso seguiría en la misma forma hasta hace solo un par de siglos o menos. 
Lo anterior quiere decir que el ser humano jamás fue programado para comer en horarios fijos ni en frecuencias determinadas. Las comidas programadas surgieron cuando las grandes empresas quisieron que el trabajo de sus obreros fuera más efectivo. Nunca fueron pensadas para hacer la vida más fácil para los trabajadores sino para obtener mayores ganancias económicas. Hay que recordar que las ocho horas de trabajo y otros alivios o derechos solo fueron posibles después de luchas de los trabajadores y de las organizaciones que fueron surgiendo como respuesta a la sobre explotación que ejercían las clases sociales que poseían los medios de trabajo. Esas luchas fueron reprimidas cruelmente, pero solo gracias a ellas finalmente se logró parte de los derechos.
Las tres comidas diarias se hicieron cada vez más comunes y aceptadas por la gente. No fueron el resultado de estudios científicos, ni siquiera fueron pensadas como la mejor forma de alimentar a los trabajadores. Aún así era una mejor opción que la de trabajar más de 12 horas diarias desde la mañana hasta el anochecer, incluso morir de hambre, como ocurría en la época de la esclavitud. Conviene recordar que muchos esclavos morían de cansancio y de hambre, incluso durante sus faenas.

En las sociedades contemporáneas, con alta tecnología y conocimientos, surgen nuevas formas de alimentarse. Grandes empresas nos invaden con su publicidad para que consumamos su productos, que muchas veces son nocivos e innecesarios. Por eso tenemos que aprender a alimentarnos en forma sana y elegir nosotros mismos (estudiando los resultados de avances científicos y siguiendo los consejos de nutricionistas) los horarios que más nos convengan. Lamentablemente, siempre vamos a encontrar barreras, porque los horarios de nuestros trabajos no lo harán posible, en la mayoría de los casos. Pero vale la pena intentarlo (VER 1, VER 2).


Artículo en proceso de elaboración. Faltan: vídeo personal y más enlaces.